El Fuego de Elk Rich
¡Lárgate de aquí! Así se burlaron de Lidia Buun, una joven obesa y solitaria, en el polvoriento pueblo fronterizo de Dashwell, allá por 1872. En ese lugar, la crueldad era moneda corriente y solo los fuertes sobrevivían. Lidia, con su vestido gastado y una carta de referencia en la mano, buscaba trabajo en el salón Red Canyon. Pero Dutch Morrison, el dueño, la humilló frente a todos, lanzándole una botella y ordenando a sus hombres que la echaran a la calle.
Lidia, herida y avergonzada, salió entre lágrimas, preguntándose por qué el mundo la rechazaba. Pero ese día, algo cambió. Las puertas del salón se abrieron de golpe y apareció Elías Crow, un hombre enorme y solitario, conocido por su carácter temible. Elías, al ver la injusticia, amenazó con quemar el salón si no le daban a Lidia el respeto y la oportunidad que merecía. Dutch, temblando, se disculpó y le ofreció el trabajo, pero Lidia, cansada de la humillación, decidió no aceptarlo.
Elías la invitó a acompañarlo a su cabaña en las montañas de Elk Rich. Allí, Lidia encontró refugio, calor y, por primera vez, alguien que no la juzgaba por su apariencia. Elías le enseñó a sobrevivir: cazar, disparar, curar carne y leer la naturaleza. Poco a poco, Lidia aprendió a ocupar su propio espacio sin disculparse por ser quien era.

Con el tiempo, ambos compartieron sus heridas. Elías confesó que su familia había sido asesinada por bandidos liderados por el hermano de Dutch, y que desde entonces vivía aislado, cargando con la culpa y el dolor. Lidia, por su parte, admitió su miedo a no ser suficiente para nadie. Pero juntos, comenzaron a sanar.
El invierno fue duro, pero el abrigo que Elías cosió para Lidia simbolizaba algo más que protección: era aceptación y amor sin condiciones. Cuando el pueblo, instigado por Dutch, subió a la montaña acusando a Elías de secuestrar a Lidia, ella defendió su libertad y su derecho a quedarse con quien la valoraba.
En una asamblea pública, Lidia habló con valentía sobre el abuso y la hipocresía de Dashwell, y un antiguo cómplice confesó la verdad sobre la tragedia de Elías. Dutch huyó del pueblo en desgracia y la justicia comenzó, lentamente, a llegar.
Lidia regresó a Elk Rich, donde Elías la recibió con los brazos abiertos. Se declararon su amor y, con el tiempo, se casaron en la montaña, lejos de las miradas y prejuicios del pueblo. Su cabaña se convirtió en leyenda: un refugio para los que necesitaban un hogar y una lección viviente sobre el valor de la compasión.
Años después, Lidia miró su vida junto a Elías y supo que no se arrepentía de nada. Había encontrado su lugar en el mundo, no por encajar en los moldes ajenos, sino porque alguien la había visto realmente y la había amado por todo lo que era. Juntos, desafiaron las reglas de la sociedad y demostraron que el amor verdadero puede arder más fuerte que cualquier fuego, iluminando el camino para quienes aún buscan un hogar.