Capítulo 1: La Noche de la Propuesta
La primera nevada del invierno cayó silenciosa sobre la hacienda Los Fresnos, cuando Mariana alisó por enésima vez las arrugas invisibles de su vestido azul oscuro. No era nuevo, pero Consuelo, su madre, había pasado toda la tarde ajustando la cintura y cambiando el encaje del escote para que pareciera distinto.
Aún así, en el espejo, Mariana seguía viéndose como lo que todos murmuraban a sus espaldas: la hija mayor, que había dejado pasar el momento, la que se había quedado.
“Hoy viene el duque de San Román”, murmuró Consuelo como si pronunciara una oración. “Si todo sale bien, tú, padre, podrá salvar las tierras bajas y los viñedos.”
Y Sofía… Sofía podría casarse ventajosamente, completar la alianza, asegurar el futuro.
Mariana forzó una sonrisa que no llegó a sus ojos. Sabía que su hermana era la favorita, la fresca, la risueña, la que aún tenía edad de ruborizarse sin motivo.

Capítulo 2: La Cena
La cena comenzó con una tensión sutil. El caldo humeaba en los platos. El vino de la cosecha anterior llenaba las copas, pero nadie parecía saborearlo realmente.
El duque, Alejandro, hablaba poco, pero cuando lo hacía, su voz dominaba la mesa. Hacía preguntas precisas sobre las cuentas, los jornaleros, la calidad del suelo, como si diseccionara un animal enfermo.
En un momento, sus ojos se pasearon por las tres mujeres de la familia. “Supongo que ya no dais grandes fiestas”, comentó casi con curiosidad fría.
“Es evidente que la casa ha conocido días mejores”, añadió, “aunque debo decir que la señorita Sofía podría devolver algo de lustre a cualquier salón.”
Sofía bajó la mirada ruborizada. Gonzalo, su padre, soltó una risa tensa.
Capítulo 3: La Propuesta
Después de la cena, Alejandro pidió hablar con Mariana a solas en la biblioteca.
“Mariana, he decidido casarme contigo”, dijo sin rodeos. “Los Fresnos necesitan mi ayuda, y yo necesito una esposa que entienda mi posición.”
Mariana sintió un nudo en la garganta. No era un romance, era un trato.
“¿Por qué yo?”, preguntó, intentando mantener la voz firme.
“Porque tienes carácter”, respondió él, “y porque creo que podemos hacer algo grande juntos.”
Mariana aceptó, sabiendo que era el único camino para salvar su hogar y su familia.
Capítulo 4: La Boda
La boda fue sencilla, sin grandes lujos. Alejandro y Mariana se casaron en una ceremonia íntima, con solo la familia y algunos amigos cercanos.
Después de la ceremonia, hubo un pequeño banquete en la hacienda. Sofía lloraba de felicidad, y Consuelo sonreía, aliviada.
Capítulo 5: La Nueva Vida
La vida en la hacienda de Alejandro fue un desafío para Mariana. Aprendió a manejar los asuntos de la casa, a tratar con los jornaleros y a navegar por la sociedad aristocrática.
Alejandro resultó ser un hombre complejo, con un pasado doloroso que no quería compartir. Pero Mariana estaba decidida a ganarse su confianza.
Con el tiempo, comenzaron a entenderse, a respetarse, y finalmente, a amarse.
Epílogo
Un año después de la boda, Mariana y Alejandro estaban en el jardín de la hacienda, disfrutando del sol de primavera.
“¿Recuerdas la primera vez que hablamos?”, preguntó Alejandro, tomando su mano.
“Sí”, respondió Mariana, sonriendo. “Me propusiste un trato.”
“Un trato que ha resultado ser el mejor de mi vida”, dijo él, mirándola con amor.
Mariana sonrió, sabiendo que había encontrado su lugar en el mundo, al lado del hombre que amaba. ![]()