“El Último Mensaje de Lily: Terror en la Escuela”

El Último Mensaje de Lily: Terror en la Escuela

I. La llamada

El reloj marcaba las 2:17 p.m. cuando el operador de emergencias, Javier, recibió la llamada más angustiante de su carrera. Al principio, solo escuchó respiración entrecortada y sollozos.
—¿Hola? ¿Puede hablar? ¿Está usted bien?
La voz de una niña temblorosa respondió:
—P-por favor ayúdeme. Estoy escondida en el baño de la escuela… alguien viene por mí.

Javier intentó mantener la calma, pero su pulso se aceleró.
—¿Cómo te llamas?
—Lily… Lily Parker.

La información apareció en la pantalla: Escuela Primaria Willow Creek, suburbio tranquilo, zona residencial. Javier activó el protocolo de emergencia sin dudar, enviando patrullas y notificando a la dirección de la escuela.

—Lily, ¿puedes decirme exactamente dónde estás?
—Cerré la puerta con llave —sollozó la niña—. Él está en el pasillo… lo escuché gritar.

Javier sintió un escalofrío.
—¿Puedes escuchar dónde está ahora?
—Ya no lo oigo… —susurró Lily—. Pero tengo miedo. Mucho miedo

 

II. El confinamiento

Mientras la policía llegaba, la escuela fue puesta en confinamiento. Las luces de emergencia parpadeaban en los pasillos, las maestras reunían a los niños en las aulas, y el silencio era tan espeso que parecía un velo sobre el edificio.

La directora, la señora Franklin, temblaba mientras hablaba con los agentes.
—No sabemos qué está pasando. Solo vimos a Lily correr hacia el ala este, y luego escuchamos gritos. Nadie ha visto a ningún extraño entrar…

Los oficiales avanzaron por los pasillos, armas desenfundadas, siguiendo el eco de un llanto que viajaba por las rejillas de ventilación. Pupitres volcados, mochilas esparcidas, una sensación de abandono en cada rincón.

Al llegar a los baños del ala este, el oficial Martínez gritó:
—¡Policía! ¡No se mueva!

Pero solo encontró un pequeño zapato junto al lavabo, y en uno de los cubículos, un teléfono aún conectado al 911, el temporizador congelado en 07:46.

Lily había desaparecido.

III. La investigación

La detective Amanda Cole llegó a la escena minutos después. Su reputación como investigadora principal la precedía: meticulosa, intuitiva, con un instinto especial para los casos difíciles.

—Quiero rastreo completo del área —ordenó—. Revisen cámaras, hablen con todos los empleados, busquen cualquier indicio de entrada o salida no autorizada.

Amanda entró al baño. Observó el zapato, el teléfono, la ausencia total de Lily.
—¿Alguien vio a Lily salir? —preguntó a los oficiales.
—No, detective. Es como si se hubiera desvanecido.

Amanda revisó el cubículo. No había sangre, ni señales de lucha, solo el teléfono y un leve olor a manzana.
—Busquen en los alrededores. No descarten nada.

IV. El hallazgo

Minutos después, detrás del gimnasio, cerca de los contenedores, los oficiales encontraron la mochila de Lily Parker abierta en el suelo. Dentro había hojas de tareas, una manzana a medio comer y una pequeña nota escrita a mano:

“Si encuentras esto, por favor dile a mi mamá que la quiero.”

Amanda sostuvo la nota con guantes, sintiendo el peso de cada palabra.
—Esto no es solo una desaparición —murmuró—. Es un mensaje.

La noticia se propagó como fuego. Padres aterrados llegaron a la escuela, la prensa rodeó el edificio, y la búsqueda de Lily se convirtió en la mayor movilización policial del estado en años.

V. El miedo en la comunidad

Las horas siguientes fueron un torbellino de angustia. La señora Parker, madre de Lily, llegó al lugar entre gritos y lágrimas, sostenida por dos policías.
—¡Mi hija! ¿Dónde está mi hija?

Amanda la tomó de las manos, intentando transmitirle esperanza.
—Haremos todo lo posible, señora Parker. No vamos a descansar hasta encontrarla.

La escuela permaneció cerrada. Helicópteros sobrevolaban la zona, perros rastreadores recorrían los campos cercanos, voluntarios peinaban cada rincón. La comunidad entera se unió en la búsqueda, pero el miedo crecía con cada minuto que pasaba sin noticias.

VI. Las pistas

La revisión de las cámaras reveló algo inquietante: a las 2:15 p.m., una figura encapuchada cruzó el patio trasero de la escuela. No era un estudiante ni un empleado conocido. El rostro, oculto por la capucha, no permitía identificarlo. La figura se detuvo cerca del ala este, justo antes de que Lily entrara corriendo al baño.

Amanda observó el video una y otra vez.
—¿Quién es esa persona? ¿Por qué nadie la vio entrar?

Los oficiales rastrearon huellas cerca de los contenedores y encontraron marcas recientes, como si alguien hubiera arrastrado algo pequeño.
—¿Podría Lily haber escapado sola? —preguntó Martínez.
—No lo creo —respondió Amanda—. La nota demuestra que sabía que estaba en peligro.

VII. El tiempo corre

Con cada hora, la esperanza se desvanecía. Amanda reunió a su equipo en la sala de profesores.
—No vamos a rendirnos. Cada minuto cuenta. Revisen de nuevo los alrededores, hablen con los vecinos, revisen los registros de llamadas. Lily Parker debe aparecer.

La historia de Lily se volvió viral: #BuscandoALily inundó las redes sociales, miles de personas compartieron la nota, la foto de la niña, su sonrisa tímida y su cabello castaño claro. El estado entero se volcó en la búsqueda, pero el misterio solo se profundizaba.

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