"Quítate Todo" – El Hombre De La Montaña Exigió De La Chica Gorda Que Compró, Lo Que Hizo Despué
Aurora: Renacer en la Montaña
Aurora siempre había sido una sombra en su propia casa, ignorada y despreciada por sus padres, que solo tenían ojos para su hermana Isabela, la hija perfecta. La vida de Aurora era una sucesión de humillaciones y hambre, hasta que una sequía arruinó la cosecha y sus padres tomaron la decisión más cruel: venderla como si fuera ganado a un hombre rudo de la montaña, Bento.
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El día de la transacción, Aurora sintió que el suelo se abría bajo sus pies. Sin lágrimas ni abrazos, fue entregada a Bento, quien la llevó a una cabaña aislada en lo alto de la montaña. El viaje fue largo y silencioso, y Aurora, temblando de miedo, no sabía qué destino le esperaba.
Pero la primera noche, cuando Bento le ordenó quitarse todo, Aurora pensó que sus peores temores se harían realidad. Sin embargo, lo que recibió fue un baño caliente, ropa limpia y comida abundante. Bento, lejos de ser el bruto que imaginaba, le ofreció cuidado y respeto. “Aquí no volverás a pasar frío ni hambre”, le dijo, y durmió en el suelo para que ella descansara en la cama.
Con el paso de los días, Aurora aprendió a vivir en la montaña. Descubrió que era fuerte, capaz y digna de amor. Bento le enseñó a cocinar, a rastrear animales, a defenderse con un cuchillo. Entre ellos creció una complicidad silenciosa, una atracción que se transformó en amor. Cuando Aurora enfrentó a un oso y Bento la protegió, supo que no era solo su salvador, sino su compañero.
El primer viaje al pueblo fue una prueba. Aurora sintió las miradas de desprecio y las palabras crueles, pero Bento la defendió con fiereza, llamándola “mi mujer” ante todos. En la taberna, cuando un hombre intentó tocarla, Bento lo humilló, dejando claro que nadie podía faltarle al respeto.
Esa noche, en la habitación de la posada, la tensión entre ellos se rompió. Se besaron con pasión y se amaron por primera vez, sellando su destino. Aurora descubrió que su cuerpo, antes motivo de vergüenza, era ahora adorado y celebrado. Bento le compró ropa nueva, y Aurora, al verse en el espejo, vio por primera vez a una mujer fuerte y hermosa.

La vida en la montaña se volvió un ciclo de trabajo, amor y descubrimientos. Aurora floreció bajo el cuidado de Bento, y él, marcado por pérdidas del pasado, encontró en ella una razón para vivir de nuevo. Compartieron sus historias, sus miedos y sus sueños. Soñaron con una familia, con hijos que llenaran la cabaña de risas.
Pero la paz se vio amenazada cuando Silas, un hombre resentido, intentó atacar a Aurora. Ella, recordando las lecciones de Bento, lo enfrentó y ganó. Su familia, consumida por la codicia y la envidia, regresó con el alguacil para intentar arrebatarle su felicidad. Aurora los enfrentó con una fuerza inesperada, cortando los lazos de dependencia y declarando su libertad.
La venganza de Isabela fue aún más cruel. Acusó a Bento de asesinato, manipulando al nuevo alguacil y al pueblo. Bento fue arrestado, y Aurora, embarazada y sola, decidió luchar. Con la ayuda de los tenderos y su propia determinación, rastreó a Silas y lo llevó al pueblo para desenmascarar la mentira.
En el juicio, Aurora apareció con Silas vivo y expuso el complot de su familia. El magistrado liberó a Bento y arrestó a Jacinto, Marta e Isabela por conspiración y perjurio. Aurora y Bento, victoriosos, regresaron a la montaña, dejando atrás el veneno y la mentira.
El embarazo de Aurora trajo una nueva alegría. Bento la cuidaba como el tesoro más valioso del mundo. Juntos, construyeron un hogar basado en el respeto, la confianza y el amor incondicional. La montaña, antes refugio de soledad, se convirtió en su fortaleza.
La historia de Aurora y Bento es un recordatorio de que el verdadero valor de una familia no está en la sangre, sino en el amor y el respeto mutuo. A veces, las segundas oportunidades no son para recuperar lo perdido, sino para convertirnos en quienes siempre debimos ser.
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