Ella Estaba Sola en el Banquete de Boda ¡Hasta que un Gigante Vikingo Dijo Actúa Como si Estuvieras

Ella Estaba Sola en el Banquete de Boda ¡Hasta que un Gigante Vikingo Dijo Actúa Como si Estuvieras

La Pelirroja y el Vikingo: Leyenda de Río Seco

En el polvoriento pueblo de Río Seco, bajo el sol implacable del desierto de Nuevo México, la boda de la hija del ranchero más rico era el evento del año. Pero para Elena, sentada sola en una esquina de la larga mesa del banquete, era solo otra noche de sombras y recuerdos amargos.

De repente, un disparo retumbó en el salón, rompiendo cristales y lanzando a los invitados al pánico. Un hombre ensangrentado cayó muerto al suelo. Elena, petrificada, sintió su corazón latir como un tambor de guerra. No sabía que ese era solo el comienzo de una pesadilla que la arrastraría al abismo.

.

.

.

Elena había llegado al pueblo apenas un mes antes, huyendo de un pasado que la perseguía como un coyote hambriento. Viuda joven, cabello rojo como el fuego del atardecer y ojos que guardaban secretos profundos. Su marido, un minero borracho, había muerto en un derrumbe, o eso decían los rumores. Pero Elena sabía la verdad: lo había matado en defensa propia cuando levantó el puño por última vez.

Ahora, en Río Seco, buscaba un nuevo comienzo. Pero el destino tenía otros planes.

La boda era en el gran salón del Rancho López, decorado con guirnaldas de flores silvestres y mesas cargadas de carne asada, frijoles y tortillas frescas. La música llenaba el aire, pero Elena se sentía invisible entre la multitud de vaqueros y rancheros.
—¿Quién es esa pelirroja? —susurraban—. Parece una forastera.

De pronto, la puerta del salón se abrió de golpe. Tres hombres enmascarados irrumpieron, revólveres en mano.
—¡Esto es un asalto! —gritó el líder, flaco y sombrero raído—. Entreguen el oro de la dote o mueran todos.

El pánico estalló. Elena se agachó bajo la mesa, pero antes de poder esconderse, uno de los bandidos apuntó a la novia. Otro disparo, pero esta vez no vino de los asaltantes.

Un gigante de hombre, alto como una montaña y con barba espesa, surgió de las sombras. Vestido con poncho raído y botas polvorientas, parecía un fantasma del viejo oeste.
Su nombre era Torbal, el vikingo, un noruego huido de las guerras del norte, ahora buscador de fortuna en América.

Con un rifle Winchester, disparó al bandido que amenazaba a la novia, acertándole en el pecho. El salón se convirtió en un infierno de balas y gritos. Elena sintió una mano enorme aferrándola del hombro.
Levantó la vista y vio al vikingo, ojos azules como el acero frío.

—Actúa como si estuvieras conmigo —le susurró con acento grueso—. Hazlo, mujer, o moriremos los dos.

Elena, sin tiempo para pensar, fue puesta a su lado como si fueran pareja. El vikingo la usaba como escudo, pero no de manera cruel; era una estratagema para confundir a los bandidos.
Torbald disparó de nuevo, derribando al segundo asaltante. El tercero huyó por la puerta, montando a caballo en la noche.

El salón quedó en silencio, roto solo por sollozos y murmullos.
El ranchero López se acercó temblando.

—Gracias, forastero. ¿Quién eres?

—Solo un viajero. Y esta es mi mujer —respondió Torbal, aún con la mano en el hombro de Elena.

Elena entendió el juego. Si revelaba la verdad, sería blanco fácil para la venganza.
—Sí, soy su esposa —dijo, fingiendo una sonrisa.

La fiesta continuó como si nada, pero esa noche, mientras el vikingo la escoltaba a su cabaña, Elena sintió un escalofrío.

—¿Por qué yo? —preguntó temblando.

—Te vi sola. Parecías perdida como yo y necesitaba una cuartada.

Elena notó cicatrices y tatuajes de runas antiguas en sus brazos.

—No soy tu propiedad —replicó con fuego en los ojos.

—Lo sé —sonrió él—. Pero esta noche lo serás. Hay más bandidos allá afuera, y uno de ellos es mi hermano.

La revelación la golpeó: Torbal era parte de la banda, un traidor que había cambiado de bando. Su hermano, el líder flaco, había planeado el asalto, pero Torbal, harto de sangre, desertó.

—Me persiguen desde Noruega —confesó—. Maté por honor y huí. Me uní a bandidos para sobrevivir, pero ya no puedo.

Elena, con el corazón acelerado, sacó un pequeño deringer de su falda.

—Podría matarte ahora mismo —dijo, apuntándole.

Él no se inmutó.

—Hazlo. Pero primero escúchame. Tu pasado te persigue también. Sé lo de tu marido.

—¿Cómo lo sabes?

—He oído rumores en las cantinas. Prometo no delatarte. Ayúdame a escapar y te ayudaré a ti.

Elena bajó el arma, intrigada. Juntos podrían enfrentar a los bandidos restantes.

Al amanecer cabalgaron hacia las montañas, hacia el escondite de Torbal y el oro robado. Pero en el camino, una emboscada. Balas silbaron y Torbal la cubrió con su cuerpo. Lucharon espalda con espalda, él con su rifle, ella con el deringer y un cuchillo.
—Eres feroz como una valquiria —exclamó Torbal, admirado.

Escaparon por un cañón estrecho hasta una cueva oculta. Torbal reveló su tesoro: oro y un mapa a una mina perdida de plata.

—Podemos empezar de nuevo —dijo, tomándola de la mano.

Pero Elena dudaba: ¿era amor o solo adrenalina?

Días después, en el pueblo, los rumores volaban. El vikingo y la pelirroja habían desaparecido, dejando cuerpos en el desierto. Pero en realidad, cabalgaban hacia México, donde las leyes eran más laxas.

En una posada fronteriza bajo las estrellas, Torbal la besó por primera vez.

—No actúes más —susurró—. Sé conmigo de verdad.

Elena, con lágrimas, asintió.

Pero el twist final llegó en la noche. Elena encontró una carta en la alforja de Torbal: era un cazarecompensas disfrazado. Su hermano era solo una invención para ganarse su confianza. La recompensa por ella era alta.

Elena, traicionada, levantó el deringer, pero no disparó. En cambio, lo ató y huyó con el mapa y el oro.

Meses después, en una cantina de Ciudad Juárez, Elena, ahora rica y libre, oía historias del vikingo, capturado y ahorcado.
Lo había amado, tal vez. Pero en el viejo oeste la supervivencia era lo primero.

Sentada sola en una mesa, vio a un nuevo forastero entrar, alto y misterioso.

—Actúa como si estuvieras conmigo —le dijo él.

Elena sonrió, lista para otra aventura.
El desierto nunca dormía y sus secretos eran eternos.

Related Posts

Our Privacy policy

https://rb.goc5.com - © 2026 News