Capítulo 1: El Matrimonio por Conveniencia
El viento de octubre arrastraba hojas secas por el camino de tierra que conducía a la casona de los Castillo. Mariana, una joven de 22 años, estaba sentada junto a la ventana de su habitación, observando el camino polvoriento que se perdía entre los campos yermos. Su vida había cambiado drásticamente desde la muerte de sus padres, y ahora se encontraba bajo la tutela de sus tíos, don Héctor y doña Carlota, quienes la habían acogido más por obligación que por afecto.
La puerta se abrió sin que nadie llamara, y doña Carlota entró con el rostro encendido por algo que podía ser excitación o nerviosismo. “Mariana, baja al salón inmediatamente. Tu tío y yo tenemos que hablarte”, dijo sin preámbulos.

Mariana se puso de pie, alisó las arrugas de su vestido gris y siguió a su tía escaleras abajo. En el salón principal, don Héctor estaba de pie junto a la chimenea apagada, con las manos entrelazadas a la espalda.
“Siéntate, sobrina”, dijo don Héctor. “Hemos estado considerando tu futuro. Llevas 5 años bajo nuestro techo, y aunque ha sido un placer tenerte, debemos pensar en tu bienestar”.
Mariana apretó los dedos contra la tela de su falda, sintiendo un nudo formarse en su estómago.
“Se ha presentado una oportunidad”, continuó don Héctor. “Don Joaquín Mondragón, hacendado, ha manifestado interés en contraer matrimonio. Es un hombre de excelente posición, dueño de extensas viñas y propiedades agaveras. Quedó viudo hace dos años y busca establecer un nuevo hogar”.
Mariana sintió que el aire le faltaba. “Matrimonio”, murmuró, “pero yo no conozco a ese hombre”.
“Los matrimonios concertados son perfectamente normales”, respondió doña Carlota con sequedad. “Y en tu situación, sin dote ni perspectivas, es una fortuna que un hombre de su posición haya accedido a considerarte”.
La boda se celebró tres semanas después, en una ceremonia fría y sin emoción. Mariana se sintió como una prisionera en su propio vestido de novia, con Joaquín, un hombre alto y serio, que la miraba con ojos vacíos de emoción.
Capítulo 2: La Hacienda de los Misterios
La hacienda de Joaquín era imponente, con paredes encaladas y tejado de tejas rojas. Mariana se sintió abrumada por la grandeza del lugar, pero sobre todo por la frialdad de su nuevo esposo.
Joaquín la dejó en manos de Rosario, la criada, quien la llevó a su habitación. “Señora, el patrón ha dispuesto que tenga privacidad y todo lo necesario”, dijo Rosario.
Mariana se sintió sola y abandonada, sin saber qué hacer con su nueva vida. Los días pasaron, y Joaquín apenas se dignó a hablar con ella. Mariana se sumergió en el trabajo, ayudando a Rosario con las tareas de la casa y explorando la hacienda.
Un día, mientras exploraba la casa, encontró una habitación cerrada. La puerta estaba entreabierta, y una luz tenue salía del interior. Mariana se acercó, curiosa, y encontró a Joaquín sentado en una mecedora, con la cabeza entre las manos.
“Perdón”, susurró Mariana. “Yo no sabía…”
Joaquín levantó la cabeza, y sus ojos enrojecidos la miraron con sorpresa. “Es la habitación de mi hijo”, dijo con voz ronca. “El hijo que nunca llegó a vivir”.
Mariana se sintió conmovida por el dolor de Joaquín, y por primera vez, vio al hombre detrás de la máscara de frialdad.
Capítulo 3: El Secreto
Joaquín se fue a la capital para tramitar la anulación del matrimonio, dejando a Mariana sola en la hacienda. Pero Mariana descubrió un secreto que cambiaría todo: estaba embarazada.
Rosario la ayudó a mantener el secreto, y Mariana se dedicó a cuidar de sí misma y de su futuro hijo. Pero Joaquín regresó, y con él, la verdad.
“¿Por qué no me lo dijiste?”, gritó Joaquín, furioso.
“Porque querías ser libre”, respondió Mariana, con lágrimas en los ojos.
Joaquín se arrepintió de sus acciones, y se dio cuenta de que había encontrado algo mucho más valioso que la libertad: el amor y la familia.
Epílogo
La historia de Mariana y Joaquín es un recordatorio de que el amor verdadero puede surgir en los lugares más inesperados, y que el perdón y la segunda oportunidad pueden transformar hasta los corazones más cerrados.
Joaquín y Mariana se casaron de nuevo, esta vez con amor y pasión. Tuvieron hijos, y su hacienda se convirtió en un hogar lleno de alegría y amor.