“¡El Hombre de la Montaña y sus Novias por Correo! — ¿Quién Será la Que Rompa la Maldición y Dure Más de una Semana?”
Capítulo 1: El Frío de la Soledad
En las alturas heladas de los San Juan, donde el viento corta como navaja y la nieve no perdona a nadie, vivía Daniel Machl, un hombre que parecía tallado de la misma madera que los pinos que lo rodeaban. Alto, ancho de espaldas, con una barba negra que le llegaba al pecho y unas manos que podían partir un tronco con un solo golpe de hacha. Tenía 35 años y llevaba 12 viviendo solo en su cabaña, a tres días a caballo del pueblo más cercano.
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Siete veces había mandado dinero a Dandor por una novia por correo. Siete veces llegaron muchachas de ciudad con vestidos de seda y sueños de novelas baratas. La primera lloró toda la noche la primera nevada. La segunda se enfermó del frío y se fue en cuanto pudo caminar. La tercera dijo que prefería morirse antes que volver a ver un lobo. La cuarta, la quinta, la sexta y la séptima, todas encontraron una razón para bajar de la montaña. Daniel ya no creía en nada. Guardaba sus cartas de amor sin abrir, como quien guarda balas que ya no piensa usar.
Capítulo 2: La Carta Inesperada
Una tarde de octubre de 1897, cuando el cielo ya amenazaba con la primera gran tormenta, llegó un sobre distinto. No era la letra fina de una agencia matrimonial, sino una letra firme, casi masculina. “Señor Mach, me llamo Rut Gutiérrez, tengo 28 años y sé coser, cocinar, curar heridas, matar un pollo y cargar un rifle si hace falta. No busco príncipe ni cuento de hadas. Busco un hombre que trabaje y que no mienta. Si todavía tiene lugar en su cabaña y en su vida, yo vengo. Si no, no gaste su dinero en el pasaje. Sin más. Rut Gutiérrez, ex costurera del Paso, Texas.”
Daniel leyó la carta tres veces. No había promesas de amor eterno ni “te haré feliz”, ni “seré tu ángel”. Solo hechos. Por primera vez en años sonrió de verdad. Mandó el dinero esa misma semana.
Capítulo 3: El Encuentro con Rut
Cuando Rut bajó del carro de carga en el último pueblo, Daniel casi no la reconoció. No era bonita como las otras; era fuerte. Tenía ojos oscuros que no parpadeaban, una trenza gruesa como soga del azar, manos callosas y una maleta de madera que cargaba ella sola. Vestía una falda de lana gruesa y botas de hombre, sin un solo lazo ni encaje. “¿Usted es Mach?” “Pues vámonos, que ya viene el norte”.
Subieron la montaña en silencio. Tres días de camino con la nieve empezando a cuajar. Rut no se quejó ni una vez, ni cuando el caballo resbaló, ni cuando tuvieron que dormir bajo un saliente de roca. Solo una vez preguntó: “¿Las otras siete se fueron por el frío o por usted?” Daniel soltó una carcajada ronca. “Las dos cosas, supongo”.
Capítulo 4: La Cabaña y el Invierno
Llegaron a la cabaña justo cuando empezó el primer gran ventarrón del invierno. La cabaña era pequeña, oscura, con una sola habitación y una estufa que apenas calentaba. Rut entró, dejó la maleta, se quitó el abrigo y, sin decir palabra, empezó a barrer el piso lleno de viruta y polvo. Daniel se quedó mirándola como un idiota. Esa noche, mientras se le afilaba el hacha, ella cocinó frijoles con tocino y hizo tortillas de harina con la poca masa que quedaba.
Comieron en silencio. Después, Rut se levantó, fue a su maleta y sacó una botella de mezcal. “Brindemos porque no me voy a ir”. Daniel levantó la ceja. “¿Estás segura?” “Nunca he estado más segura de nada”.
Capítulo 5: La Prueba de Fuego
Los primeros días fueron una prueba de fuego. Rut se levantaba antes que él, encendía la estufa, sacaba la nieve que se colaba por las rendijas, ordeñaba la única vaca que Daniel creía que ya no daba leche. Y cuando él salía a cortar leña, ella lo seguía con otra hacha. No era tan fuerte como él, pero era constante. Golpe tras golpe, sin quejarse. Al tercer día, Daniel le dijo: “No tienes que hacer esto. ¿Quieres que me siente a observar mientras tú te matas trabajando?”. “No, gracias. Yo también vivo aquí”.
Capítulo 6: La Tormenta de la Viuda Blanca
Una noche de noviembre llegó la tormenta que los viejos llamaban “la viuda blanca”. Tres días y tres noches de viento que aullaba como mil demonios, nieve que tapaba la puerta hasta el techo. Una pared de la cabaña, la del norte, empezó a crujir. Una grieta se abrió y la nieve entró como si tuviera vida propia. Daniel maldecía mientras trataba de clavar tablas. Rut apareció con martillo y clavos, se subió a una silla y empezó a clavar también.
El viento les azotaba la cara, el frío les quemaba los pulmones. En un momento, una ráfaga tiró a Rut. Daniel la atrapó por la cintura y la pegó contra él para protegerla del viento. Se miraron un segundo, respirando el mismo aire helado. Ninguno dijo nada, pero algo cambió ahí. Entre los dos taparon la grieta con tablas, pieles de oso y trapos viejos. Cuando terminaron, estaban cubiertos de nieve hasta las cejas. Rut temblaba, pero sonreía. “Ahora sí estamos casados de verdad”, dijo. “La montaña nos bautizó”.
Capítulo 7: El Invierno de la Esperanza
Daniel la miró. Por primera vez vio que no era solo fuerte, era hermosa, de una manera que ninguna de las otras siete había sido. El invierno siguió duro, pero ya no era soledad. Rut cantaba mientras cocinaba canciones mexicanas que Daniel nunca había oído. Le enseñó a hacer mole con la carne de venado. Él le enseñó a poner trampas para conejos.
Por las noches, sentados frente a la estufa, ella le leía la Biblia en voz alta o él le contaba historias de cuando era vaquero en Chihuahua. A veces no hablaban, solo se miraban mientras la leña crepitaba.
Capítulo 8: El Anuncio del Bebé
Una tarde de enero, Rut dijo de pronto: “Vamos a necesitar otro cuarto”. “¿Para qué?” “Para cuando llegue el bebé”. Daniel dejó caer el hacha. La miró como si le hubiera hablado en chino. “Estás… ¿desde antes de subir la montaña?” “Sí, pero quise esperar a ver si aguantabas tú también”.
Daniel la abrazó tan fuerte que casi la levanta del suelo. Reía y lloraba al mismo tiempo, cosa que nunca había hecho en su vida. En primavera, cuando la nieve empezó a derretirse y los primeros brotes verdes asomaron, trabajaron juntos para ampliar la cabaña. Daniel cortaba los troncos. Rut los medía y marcaba. Hicieron un cuarto nuevo con ventana al sur.
Capítulo 9: La Visita del Jinete
Rut lo pintó de blanco por dentro y colgó cortinas que cosió con sacos de harina teñidos. Una mañana de mayo llegó un jinete del pueblo con correo. Traía una carta de la gente matrimonial. “Señor Mach, tengo tres muchachas nuevas, muy guapas y educadas. ¿Le envió alguna? Atentamente, J. Wilkinson”.
Daniel leyó la carta frente a la estufa. Rut estaba amamantando al pequeño José que había nacido en marzo, fuerte y gritón como su madre. Daniel tomó la pluma, escribió en el reverso de la misma carta y se la dio al jinete. “No, señor Wilkinson, ya encontré a la correcta”.
Capítulo 10: La Vida en Familia
Años después, cuando los viajeros pasaban por aquel camino difícil y veían la cabaña grande con corral, huerto, gallinero y tres niños corriendo detrás de un perro flaco, preguntaban quién vivía ahí. Los viejos del pueblo contestaban: “Ahí vive Daniel Mach y su octava novia, la única que no se fue; la que llegó cuando ya nadie creía que llegaría, se quedaba; la que hizo casa donde solo había cabaña, la que convirtió a un hombre solo en padre de familia”.
Y en las noches de invierno, cuando el viento vuelve a aullar como lobo hambriento, dentro de esa casa hay luz, olor a café y mole, risas de niños y dos personas mayores que se toman de la mano frente a la estufa. Porque a veces la persona correcta no llega cuando estás buscando, llega cuando ya dejaste de creer que alguien vendría y se queda para siempre.
Capítulo 11: La Fortaleza de la Unión
La vida en la granja se volvió un ciclo de trabajo y amor. Daniel, Rut y sus hijos aprendieron a enfrentar las adversidades juntos. Cada invierno que pasaban, cada tormenta que soportaban, fortalecía su vínculo. Rut se convirtió en una madre ejemplar, enseñando a sus hijos sobre la vida en la montaña, mientras Daniel les mostraba cómo cazar y sobrevivir en la naturaleza.
Los niños crecieron fuertes y saludables, con el mismo espíritu indomable que caracterizaba a sus padres. En cada rincón de la cabaña se respiraba amor y unidad, y la historia de Daniel y Rut se convirtió en una leyenda en la región.
Capítulo 12: La Celebración de la Vida
Un día, decidieron organizar una celebración en la granja para agradecer a la comunidad por su apoyo. Invitaron a todos los rancheros y familias cercanas, y la granja se llenó de risas, música y alegría. Rut y Daniel prepararon una cena abundante, mientras los niños jugaban felices en el campo.
La celebración fue un éxito, y todos disfrutaron de la compañía. Daniel, Rut y sus hijos se sintieron agradecidos por la vida que habían construido juntos, y por la comunidad que los rodeaba. En medio de la fiesta, Daniel tomó un momento para reflexionar sobre lo lejos que habían llegado. “Hemos enfrentado tanto, pero siempre hemos salido más fuertes”, dijo, levantando su copa en un brindis.
Capítulo 13: El Futuro Brillante
Con el tiempo, la granja se convirtió en un símbolo de esperanza y unidad en la comunidad. Daniel, Rut y sus hijos continuaron trabajando juntos, enfrentando nuevos desafíos pero siempre apoyándose mutuamente. “Este lugar es nuestro hogar”, dijo Daniel un día, mirando el horizonte. “Y siempre lo será”.
La familia se fortaleció con cada experiencia compartida, y el amor que sentían el uno por el otro se volvió más profundo. Daniel se dio cuenta de que había encontrado su lugar en el mundo, rodeado de las mujeres y hombres que amaba.

Capítulo 14: La Sabiduría del Pasado
A medida que pasaban los años, Daniel nunca olvidó su pasado. En cada rincón de la granja, sentía la presencia de Rut y de sus hijos, como si ellos estuvieran allí, guiándolo y protegiéndolo. “Siempre estaré contigo”, decía en voz baja mientras miraba el retrato de su familia. La brisa suave le acariciaba el rostro, como si el viento le respondiera, llevándole el eco de las risas y los sueños compartidos.
Capítulo 15: La Nueva Generación
Los años pasaron, y la granja de Daniel se convirtió en un lugar de reunión para las familias de la comunidad. Sus hijos crecieron y comenzaron a formar sus propias familias, llevando adelante el legado de amor y unidad que sus padres habían construido. Daniel y Rut se convirtieron en abuelos, compartiendo historias y enseñanzas con la nueva generación.
“Este es el futuro que siempre soñé”, murmuró Rut un día, sintiendo que su corazón se llenaba de alegría al ver a sus hijos y nietos jugar juntos. “Hemos creado algo hermoso aquí”. La granja se convirtió en un símbolo de esperanza y resistencia, un lugar donde el amor siempre prevalecía.
Capítulo 16: El Legado de Amor y Esperanza
La historia de Daniel y Rut se convirtió en una leyenda en la región, un recordatorio de que el amor y la unidad pueden superar cualquier obstáculo. Su hogar en Hollow Creek se convirtió en un símbolo de esperanza para aquellos que luchaban por encontrar su lugar en el mundo.
Y así, mientras el sol se ponía sobre las llanuras, tres corazones latían al unísono, sabiendo que habían encontrado su hogar y su familia en el lugar más inesperado.