Luis XIV: El rey que no se bañó en 20 años y murió tragado por su propia mugre imperial

Luis XIV: El rey que no se bañó en 20 años y murió tragado por su propia mugre imperial


El sol comenzaba a filtrarse por los enormes ventanales de la cámara real cuando Luis XIV, aún adormilado, percibió el movimiento de sus sirvientes alrededor de su lecho. Era mayo de 1664 y el joven monarca de 26 años ya había cumplido 22 en el trono de Francia. Desde los 4 años, cuando la muerte de su padre Luis XI lo convirtió en rey, su vida había sido un constante aprendizaje del arte de gobernar.

“Su majestad, es hora de la ceremonia del L”, anunció suavemente el primer gentil hombre de cámara mientras descorría las cortinas de la cama. La rutina matutina del rey era un espectáculo cuidadosamente orquestado. Primero entraban los médicos, que examinaban brevemente su salud y le ofrecían un vaso de agua con hierbas aromáticas. Luego seguían los nobles de mayor rango, que tenían el honor de asistir al monarca en su aseo personal.

El agua está tibia como le gusta a su majestad”, murmuró el duque de la Roche Fucold mientras presentaba una palangana de plata con agua perfumada con esencia de naranjo. Luis sumergió las manos y se humedeció el rostro. Un paje le ofreció una toalla de lino finamente bordada para secarse. Otro le presentó un frasco de colonia para sus manos.

“¿Cómo ha pasado la noche, majestad?”, preguntó Jean Baptist Colbert, su ministro de finanzas, quien ya esperaba con varios documentos bajo el brazo. Inquieto, Colbert, las preocupaciones de un reino rara vez permiten el descanso completo, respondió Luis mientras le permitían a su barbero recortar cuidadosamente su bigote y aplicar polvo en su rostro para disimular las pequeñas imperfecciones.

La limpieza del rey no implicaba un baño completo, algo que en la corte francesa se consideraba potencialmente peligroso para la salud, sino un meticuloso ritual de limpieza parcial con paños humedecidos en aguas aromáticas y el uso abundante de perfumes.

Los embajadores holandeses solicitan audiencia esta tarde, comentó Y de Lion, secretario de asuntos extranjeros. concedido. Pero antes quiero revisar los avances en Versalles. Leva debe mostrarme los nuevos planos para la expansión de los jardines”, respondió Luis mientras se colocaba una elegante camisa de lino que sería cambiada varias veces durante el día.

El palacio del Luvre, donde se encontraban aquella mañana, era ya insuficiente para las ambiciones del monarca. Versalles, el antiguo pabellón de caza de su padre. se estaba transformando bajo sus órdenes en el palacio más grande y espléndido de Europa, un símbolo tangible de su poder absoluto. Cuando finalmente estuvo vestido, un proceso que había durado casi una hora y había requerido la participación de decenas de cortesanos, Luis XIV estaba listo para comenzar su día de gobierno. Su vestimenta era impecable. Calzas de seda, chaqueta

bordada en oro, zapatos con tacones rojos, privilegio exclusivo de la realeza y una peluca castaña perfectamente peinada. Los arquitectos y jardineros esperan en los carruajes, majestad, informó un paje. Luis asintió y comenzó a caminar hacia la salida, seguido por su séquito de ministros nobles y sirvientes.

El ceremonial de la corte era estricto y elaborado, diseñado para reforzar a cada momento la supremacía del rey. Hoy será un día provechoso para Francia”, comentó mientras descendía por la escalera principal, donde cientos de cortesanos esperaban para verlo pasar y con suerte recibir aunque fuera una mirada de reconocimiento del rey Sol.

El carruaje real avanzaba por el camino arbolado que conectaba París con Versalles. Luis XIV observaba por la ventanilla los campos y bosques que pronto quedarían transformados por su visión. A su lado, Jean Batista Colberg mantenía una expresión preocupada mientras repasaba mentalmente las cifras astronómicas que estaba costando la construcción del nuevo palacio.

Majestad, los gastos para Versalles este trimestre han superado los 3 millones de libras, comentó Colbert con tono cauteloso. El tesoro, el tesoro se recuperará, Colbert. Interrumpió Luis con firmeza. Francia debe mostrar su grandeza a través de sus monumentos. Cada piedra de Versalles es un mensaje para nuestros enemigos y aliados.

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