Hija de millonario actuaba extraña durante días hasta que la niñera descubrió que estaba poseída
La familia Salazar era una de las más influyentes y adineradas de la ciudad. Vivían en una mansión antigua rodeada de jardines y estatuas, donde todo parecía perfecto. Sin embargo, detrás de esa fachada de lujo, se escondía una inquietud que nadie podía resolver. Sofía, la hija menor de los Salazar, había comenzado a comportarse de manera extraña.
Al principio, fueron pequeños detalles: Sofía se quedaba mirando fijamente a la nada, hablaba sola en voz baja y se negaba a dormir en su habitación. Con el paso de los días, su comportamiento se volvió más inquietante. Gritaba por las noches, decía palabras en idiomas desconocidos y parecía tener una fuerza inusual para su edad. Sus padres, desesperados, consultaron médicos y psicólogos, pero ninguno logró encontrar una explicación lógica.
Fue entonces cuando contrataron a Camila, una niñera recomendada por una amiga de la familia. Camila, joven pero muy perceptiva, había trabajado en casas donde había presenciado situaciones extrañas, y tenía una sensibilidad especial para notar cosas que otros ignoraban.
La primera noche que Camila cuidó de Sofía, notó que la niña evitaba ciertos rincones de la casa y se estremecía cada vez que pasaban por el antiguo retrato de una mujer desconocida colgado en el pasillo. Camila decidió observar a Sofía cuidadosamente y, una madrugada, la vio sentada en el suelo de su habitación, dibujando símbolos extraños con tiza y murmurando palabras que no entendía.

Preocupada, Camila investigó los símbolos y descubrió que eran antiguos signos de protección y exorcismo. Decidió hablar con la abuela de Sofía, quien le confesó que la mansión tenía una historia oscura: hacía décadas, una mujer había practicado rituales en la casa y, desde entonces, se decía que el espíritu buscaba poseer a los más vulnerables.
Camila, decidida a ayudar, buscó la ayuda de un sacerdote local y de una curandera que conocía rituales ancestrales. Juntos organizaron una ceremonia en la habitación de Sofía. Al principio, la niña luchó y gritó, pero poco a poco, bajo la protección de oraciones y amuletos, fue calmándose. Al final de la noche, Sofía cayó en un profundo sueño.
Al despertar, la niña parecía otra. Sus ojos recuperaron la luz y la inocencia, y su comportamiento volvió a la normalidad. Los Salazar, agradecidos y aliviados, ofrecieron a Camila quedarse como parte de la familia, reconociendo que sin su intuición y valor, nunca habrían resuelto el misterio.
La mansión fue bendecida y los antiguos retratos y objetos fueron retirados. Sofía nunca volvió a actuar extrañamente, y la historia de la noche en que la niñera salvó a la hija de los Salazar se convirtió en leyenda entre los empleados y vecinos, como un recordatorio de que, a veces, el verdadero peligro se esconde en lo invisible y solo el amor y la valentía pueden vencerlo.