El Cumpleaños de Papá: Una Celebración con Bolsas de Plástico
En un pequeño pueblo, donde las casas eran sencillas y las sonrisas valían más que cualquier tesoro, vivían dos hermanos, Mateo y Lucía, junto a su padre, Don Ernesto. La familia no tenía muchos recursos, pero sí abundaban el amor y la creatividad.
Un día, los niños se dieron cuenta de que el cumpleaños de su padre se acercaba. Querían hacer algo especial, pero no tenían dinero para comprar globos, guirnaldas ni ningún tipo de decoración. Sin embargo, no dejaron que la falta de recursos apagara su entusiasmo. En cambio, buscaron soluciones en lo que tenían a mano.
Mateo encontró unas bolsas de plástico de colores que su madre había guardado para reutilizar. Lucía, siempre ingeniosa, propuso convertirlas en adornos. Con tijeras, hilo y mucha imaginación, comenzaron a cortar y atar las bolsas, dando forma a globos improvisados, flores y pequeñas banderitas. Cada adorno era único y hecho con dedicación.

La noche anterior al cumpleaños, mientras su padre dormía, los niños decoraron la pequeña sala con sus creaciones. Colgaron los globos de plástico en las esquinas, pusieron flores sobre la mesa y colocaron una pancarta hecha con retazos que decía: “¡Feliz cumpleaños, papá!”
Al despertar, Don Ernesto se encontró con la sorpresa. Sus ojos se llenaron de lágrimas al ver el esfuerzo y el cariño de sus hijos. No eran adornos caros, pero para él, eran los más hermosos del mundo. Los abrazó fuerte y les agradeció por el regalo más valioso: el amor y la dedicación.
La historia, capturada en una foto y compartida por un vecino en redes sociales, se volvió viral. Miles de personas se conmovieron con la creatividad y el corazón de Mateo y Lucía, recordando que, a veces, los gestos más sencillos son los que dejan huellas profundas.
Desde ese día, la familia Gurmán celebró cada cumpleaños con adornos hechos a mano, y la historia de los globos de bolsas de plástico se convirtió en un símbolo de esperanza y amor en el pueblo.